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Gilberto Santa Rosa: “Yo me divierto trabajando”

 

El Caballero de la Salsa habla del premio que recibirá en los Latin Grammy. Se presenta este sábado en el Jockey Club del Perú.

El salsero también fue nominado al Latin Grammy por mejor álbum de salsa y mejor diseño de empaque. Foto: difusión
El salsero también fue nominado al Latin Grammy por mejor álbum de salsa y mejor diseño de empaque. Foto: difusión1

Muy contento, y también por las nominaciones (mejor álbum de salsa y mejor diseño de empaque por su más reciente producción, Colegas).

Sé que puede sonar trillado, pero cuando perteneces a una clase musical en la que hay tantas propuestas buenas, y te ponen en ese lugar, uno se siente privilegiado. El otro premio es estar en la categoría con El Gran Combo y Rubén Blades, y hay otra curiosidad como que Willy García, con quien tengo una colaboración en Colegas, esté nominado

Algunas figuras señalan que no trabajan para los premios, ¿en su caso cuál ha sido su aliciente?

La vocación por el arte la sentí de muy niño, y una vez que tomé conciencia de lo que era, ese fue mi motor. Cuando uno es niño se divierte mucho, pero ya cuando tomas conciencia, o te comprometes o lo tomas como un pasatiempo. En mi caso me comprometí con la realidad y las emociones y con la música en general como un vehículo para comunicarnos, y es bonito vivir económicamente de tu pasión, tu profesión, pero siempre en un plano de respeto por lo que haces. Y yo me divierto con lo que hago.

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Juan Carlos Osorio, se acabaron las excusas

 

Si bien la Superliga era un torneo que no daba nada y ya el premio estaba repartido entre ambos equipos, se sabía que el que perdiera iba a pasarla mal y se iba a marear en un momento tan importante como el que ambos elencos están viviendo en la Liga Betplay. En cambio, el que ganara, iba a tener una semana tranquila y para el duelo por la liga local iba a poder disputarlo sin un piano encima.

Bueno, América es el primero. No supo aprovechar este este encuentro para mostrar algo diferente, hacer las paces con los hinchas y poder trabajar tranquilos de cara a un duelo tan importante -casi una final- contra Atlético Nacional. Debe ganar si o si, para seguir con vida en la Liga Betplay.

América volvió a caer pero esta vez su imagen fue paupérrima. Sólo lo salvan los primeros 25 minutos donde se vio un equipo concentrado, que presiona y organizado atrás. De ahí para adelante, incluyendo el descanso y la ida a vestuarios (porque el DT no fue capaz de cambiar nada) me sentí como cuando se jugaba los lunes por noche por allá en 2013, que cualquiera con muy poco nos pintaba la cara.

Al entrenador se le acabaron las credenciales, se está hundiendo solo por su terquedad. A qué llamo terquedad: querer morir en la suya sin tener la materia prima. Es decir, querer hacer un asado o plato de alto gourmet con un salero y dos clavos de canela.

No supo leer ni interpretar lo que tenía América. La base una nómina que fue campeona en dos torneos y que con un par de nombres iba a conseguir una renovación y se hubiera podido trabajar más fácil. Pero no, adiós a Carrascal, Cabrera y bienvenidos Torres, Quiñones, Gómez y Hernández. Ni hablar que «rechazó» a Teófilo Gutiérrez y Hugo Rodallega ‘por viejos’.

Se quedó con la salida de atrás con jugadores que no pueden dar dos pases seguidos, el mediocampo lo desbarató siempre que quiso y arriba no le mete miedo a nadie. Abusa del desborde y el centro. Como si arriba América tuviera a Olliver Bierhoff o Martín Palermo. Así es muy complicado pelear por algo. Por eso se despidió de la Sudamerica, la Copa Colombia y perdió la Superliga. Todavía, increíblemente, está con vida en la Liga y con este sitema tan mediocre puede salir campeón.

Juan Carlos Osorio, se acabaron las excusas. Todavía le queda camino en Liga. Deje su ego a un lado y recupere el terreno perdido. Usted es el que está quedando mal y se está alejando de la élite de los entrenadores. No sólo, además, por lo que se ve en cancha sino también fuera de ella con sus gestos. En Cali se maneja un rumor de sus problemas personales. Póngale orden a eso. Por que pareciera que las decisiones dentro del campo no las hiciera en sus cabales.

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En busca del lugar de Nueva York donde se «inventó» la salsa

 

En el lugar de Nueva York donde la salsa se volvió música caliente para el mundo ahora hay un edificio moderno con un portero latino de uniforme gris, y cuando le preguntan si conoce la historia de aquel concierto se encoge de hombros y responde: «No».

Estamos en el número 310 de la calle 52 oeste de Manhattan, entre las avenidas Octava y Novena, una zona próxima a Times Square donde abundan los teatros y clubes nocturnos.

En esta dirección funcionó una disco ya desaparecida llamada Cheetah, que el 26 de agosto de 1971 albergó una velada mágica para que la salsa pasara a ser el fenómeno cultural que hoy se conoce en el mundo.

Y todo ocurrió de forma casi inesperada.

«Era un jueves a la noche, nadie pensó que conseguiríamos llevar algo de gente a ese club Cheetah», recuerda Larry Harlow, pianista de Fania All-Stars, la banda que tocó aquella noche.

El grupo reunía varias estrellas de la música latina —desde Ray Barreto hasta Willie Colón, desde Johnny Pacheco hasta Bobby Valentín— que prácticamente nunca se habían presentado juntos pero de pronto atrajeron multitudes.

«Había filas todo alrededor de la cuadra. Metimos un par de miles ahí, esa es una de las razones por las que elegimos el Cheetah: porque tenía una platea alta y podíamos llevar mucha gente», dice Harlow en diálogo con BBC Mundo.

Pero antes de evocar lo que pasó exactamente dentro de la disco, es necesario retroceder un poco más en el tiempo.

Un laboratorio especial

Palladium Ballroom, Nueva York, en 1964

FUENTE DE LA IMAGEN,CORTESÍA DE EDWARD PALMIERI

Charlie y Eddie Palmieri tocan en el Palladium Ballroom de Manhattan en 1964.

Aunque no se los denominara salsa, la música y el baile latino tuvieron una fuerte presencia en Nueva York a lo largo del siglo XX y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Inmigrantes de Cuba, Puerto Rico y América Latina en general trajeron diferentes ritmos a la ciudad, como el mambo, que sonaba los miércoles a la noche en el Palladium Ballroom, un local de baile a pocos metros de donde estaría el Cheetah.

En Palladium tocaron grandes como Tito Puente o Machito, y si bien reunía a un público principalmente latino, su ubicación en el corazón de Manhattan lo hizo un lugar conocido para la ciudad.

«Estaba en Midtown, entonces ahí había judíos, italianos, irlandeses, afro-americanos…», señala Derrick Washington, antropólogo y curador de una exhibición sobre «Ritmo & Poder: Salsa en Nueva York» que presenta actualmente el Museo de la Ciudad de Nueva York.

La música latina tuvo en la Gran Manzana una especie de laboratorio donde tomó influencias del jazz, incorporó trombones y otros instrumentos, y desarrolló en sus letras referencias a cuestiones como la discriminación o la pobreza.

Todo esto en un contexto general marcado por la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, la guerra de Vietnam y el embargo a Cuba, que llevó al público local a escuchar menos los ritmos propios de la isla y más el flamante sonido latino de Nueva York.

Ray Barreto durante un concierto en 1976.

FUENTE DE LA IMAGEN,LEE MARSHALL Y PABLO E. YGLESIAS

Pie de foto,Ray Barreto durante un concierto en 1976, otra imagen de la exposición sobre salsa en el Museo de la Ciudad de Nueva York.

Y el concierto en el Cheetah, que juntó artistas de diversos orígenes, sacó definitivamente la música latina de lugares más reservados del Bronx o «El Barrio», en Harlem este, para volverla algo perceptible para todos.

«Había mayormente latinos allí», dice Washington a BBC Mundo, «pero había gente muy diferente».

«La banda comenzó a tocar»

Claro que algunos golpes de efecto contribuyeron a hacer de los Fania All-Stars y su noche en el Cheetah un fenómeno peculiar, con ribetes legendarios.

Fueron ellos quienes impulsaron la denominación de «salsa» para la música que producían, se dice que por ocurrencia de Pacheco, aunque la expresión ya aparecía en la letra de viejas canciones cubanas.

«La música salsa se estaba tocando hacía años. Tenía un nombre diferente: se llamaba música afro-cubana», explica Harlow. «Nosotros le pusimos un nombre. Y ese nombre quedó como pegado. Tito Puente solía decir: ‘¿Salsa? Pongo eso arriba de mi spaghetti‘», agrega antes de soltar una risa.

«Salsa es solo un nombre. Es realmente música afro-cubana con un poco de bebop y destreza de Nueva York metidos dentro», define.

Tapa del disco de la música del documental Our Latin Thing (Nuestra Cosa).

FUENTE DE LA IMAGEN,BBC MUNDO

La música e imágenes del documental «Our Latin Thing (Nuestra Cosa)» impulsaron la fama de los Fania All-Stars por el mundo.

Otro factor clave es que el concierto fue grabado y filmado en 16 milímetros para el documental Our Latin Thing (Nuestra Cosa), dirigido por el estadounidense Leon Gast, quien años después ganaría un premio Oscar por otro documental: When We Were Kings, sobre la pelea por el título de peso pesado de boxeo entre Mohamed Alí y George Foreman en Zaire en 1974.

«El Cheetah fue un lugar fabuloso… Tenía algo», asegura Gast a BBC Mundo. «Una vez que la banda comenzó a tocar, la gente bailaba sin importarle nada».

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En busca del lugar de Nueva York donde se «inventó» la salsa

 

Bailarines en un evento Randall`s Island, Nueva York, en 1974.

Pie de foto,Una foto de 1974 de la exposición «Ritmo & Poder: Salsa en Nueva York».

En el lugar de Nueva York donde la salsa se volvió música caliente para el mundo ahora hay un edificio moderno con un portero latino de uniforme gris, y cuando le preguntan si conoce la historia de aquel concierto se encoge de hombros y responde: «No».

Estamos en el número 310 de la calle 52 oeste de Manhattan, entre las avenidas Octava y Novena, una zona próxima a Times Square donde abundan los teatros y clubes nocturnos.

En esta dirección funcionó una disco ya desaparecida llamada Cheetah, que el 26 de agosto de 1971 albergó una velada mágica para que la salsa pasara a ser el fenómeno cultural que hoy se conoce en el mundo.

Y todo ocurrió de forma casi inesperada.

«Era un jueves a la noche, nadie pensó que conseguiríamos llevar algo de gente a ese club Cheetah», recuerda Larry Harlow, pianista de Fania All-Stars, la banda que tocó aquella noche.

El grupo reunía varias estrellas de la música latina —desde Ray Barreto hasta Willie Colón, desde Johnny Pacheco hasta Bobby Valentín— que prácticamente nunca se habían presentado juntos pero de pronto atrajeron multitudes.

«Había filas todo alrededor de la cuadra. Metimos un par de miles ahí, esa es una de las razones por las que elegimos el Cheetah: porque tenía una platea alta y podíamos llevar mucha gente», dice Harlow en diálogo con BBC Mundo.

Pero antes de evocar lo que pasó exactamente dentro de la disco, es necesario retroceder un poco más en el tiempo.

Un laboratorio especial

Palladium Ballroom, Nueva York, en 1964
Charlie y Eddie Palmieri tocan en el Palladium Ballroom de Manhattan en 1964.

Aunque no se los denominara salsa, la música y el baile latino tuvieron una fuerte presencia en Nueva York a lo largo del siglo XX y especialmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Inmigrantes de Cuba, Puerto Rico y América Latina en general trajeron diferentes ritmos a la ciudad, como el mambo, que sonaba los miércoles a la noche en el Palladium Ballroom, un local de baile a pocos metros de donde estaría el Cheetah.

En Palladium tocaron grandes como Tito Puente o Machito, y si bien reunía a un público principalmente latino, su ubicación en el corazón de Manhattan lo hizo un lugar conocido para la ciudad.

«Estaba en Midtown, entonces ahí había judíos, italianos, irlandeses, afro-americanos…», señala Derrick Washington, antropólogo y curador de una exhibición sobre «Ritmo & Poder: Salsa en Nueva York» que presenta actualmente el Museo de la Ciudad de Nueva York.

La música latina tuvo en la Gran Manzana una especie de laboratorio donde tomó influencias del jazz, incorporó trombones y otros instrumentos, y desarrolló en sus letras referencias a cuestiones como la discriminación o la pobreza.

Todo esto en un contexto general marcado por la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, la guerra de Vietnam y el embargo a Cuba, que llevó al público local a escuchar menos los ritmos propios de la isla y más el flamante sonido latino de Nueva York.

Ray Barreto durante un concierto en 1976.
Pie de foto,Ray Barreto durante un concierto en 1976, otra imagen de la exposición sobre salsa en el Museo de la Ciudad de Nueva York.

Y el concierto en el Cheetah, que juntó artistas de diversos orígenes, sacó definitivamente la música latina de lugares más reservados del Bronx o «El Barrio», en Harlem este, para volverla algo perceptible para todos.

«Había mayormente latinos allí», dice Washington a BBC Mundo, «pero había gente muy diferente».

«La banda comenzó a tocar»

Claro que algunos golpes de efecto contribuyeron a hacer de los Fania All-Stars y su noche en el Cheetah un fenómeno peculiar, con ribetes legendarios.

Fueron ellos quienes impulsaron la denominación de «salsa» para la música que producían, se dice que por ocurrencia de Pacheco, aunque la expresión ya aparecía en la letra de viejas canciones cubanas.

«La música salsa se estaba tocando hacía años. Tenía un nombre diferente: se llamaba música afro-cubana», explica Harlow. «Nosotros le pusimos un nombre. Y ese nombre quedó como pegado. Tito Puente solía decir: ‘¿Salsa? Pongo eso arriba de mi spaghetti‘», agrega antes de soltar una risa.

«Salsa es solo un nombre. Es realmente música afro-cubana con un poco de bebop y destreza de Nueva York metidos dentro», define.

Tapa del disco de la música del documental Our Latin Thing (Nuestra Cosa).
Pie de foto,La música e imágenes del documental «Our Latin Thing (Nuestra Cosa)» impulsaron la fama de los Fania All-Stars por el mundo.

Otro factor clave es que el concierto fue grabado y filmado en 16 milímetros para el documental Our Latin Thing (Nuestra Cosa), dirigido por el estadounidense Leon Gast, quien años después ganaría un premio Oscar por otro documental: When We Were Kings, sobre la pelea por el título de peso pesado de boxeo entre Mohamed Alí y George Foreman en Zaire en 1974.

«El Cheetah fue un lugar fabuloso… Tenía algo», asegura Gast a BBC Mundo. «Una vez que la banda comenzó a tocar, la gente bailaba sin importarle nada».

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La ingratitud con el Tino y Faryd: despreciarlos por ser uribistas

deportes

 

Al final del partido contra Inglaterra, el que la selección perdió 2-0 en el mundial del 98 y por el que nos devolvimos a casa, los encopetados jugadores ingleses corrieron a buscar a Faryd Mondragón. En ese momento tenía 27 años, era idolo en Independiente y fue elegido uno de los mejores porteros de ese mundial. A Owen, Beckham y compañía el turco les tapó todo. Si no hubiera sido por él el equipo de Bolillo hubiera sido goleado sin atenuantes.

Faryd es un rarísimo ejemplo de disciplina y constancia en un fútbol caracterizado por su disipación. Jugó 5 eliminatorias y tres mundiales. Su nombre estuvo en ligas exigentes como la alemana, la turca, la argentina y en todas fue ídolo. Era famoso en el vestuario por su colección de CD de rock. Era un bacán. Se retiró de la selección, después de establecer un record, ser el jugador más viejo en estar en una cancha en un mundial, 42 años, y luego aceptó la propuesta de acompañar a Carlos Antonio Vélez en los comentarios. A veces pudo llegar a ser farragoso, y su lambonería con la Vicepresidenta Marta Lucía Ramírez pudo molestar a la gente, pero no se puede desplegar tanto odio con un gigante de nuestro deporte sólo porque cree que Uribe es lo mejor que le ha pasado a este país. Además, ¿por qué un futbolista no puede arriesgarse y no hablar de política

¿Tienen dudas de su talento? miren no más esta recopilación de atajadas de Faryd que le hicieron los hinchas de Independiente:

Lo mismo pasa con el Tino, el primer delantero colombiano en marcar un gol en el Calcio Italiano cuando este era la mejor liga del mundo. Ahora, sólo porque no esconde su fervor por el expresidente, no se le puede borrar de la historia como pretenden algunos. Va a estar en el panel de ESPN, un refuerzo de lujo, y la gente lo desautoriza por uribista. Basta preguntarle a Buffon, a Crespo, a la Bruja Verón, lo que significó ser compañero de la gacela. Para los desmemoriados, vale la pena recordarles lo grandísimo que fue Asprilla:

Tomado De Las Dos Orillas

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Biden será el presidente número 46 de Estados Unidos

 

Estados Unidos eligió al demócrata Joe Biden como su presidente número 46, según proyecta CNN. Al hacerlo se inclinó por una figura veterana que ha proyectado calma y compasión, que prometió un enfoque más empático y científico de la pandemia y que se comprometió a estabilizar la política estadounidense después de cuatro años del caos de Donald Trump en la Casa Blanca.

Biden, que cumplirá 78 años a finales de este mes, será el presidente de mayor edad cuando asuma el cargo en enero en medio de la peor crisis de salud pública en 100 años, la depresión económica más profunda desde la década de 1930 y un reconocimiento nacional del racismo y brutalidad policial que aún no se ha resuelto.

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Gabriel Ochoa Uribe: tributo a una institución del fútbol

 

Por: César Polanía, Jorge Rojas y Hugo Cárdenas
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Aunque usted le aprendió mucho a su padre, alguna vez él confesó que quiso ser un médico tan exitoso como usted, pero el fútbol no se lo permitió…

Papá siempre quiso dedicarse a la medicina, pero el fútbol lo fue absorbiendo. A él jamás se le pasó por la cabeza ser técnico de fútbol. Su sueño, mientras era jugador de Millonarios, fue terminar Medicina y hacer una especialización en traumatología deportiva. Y se dio la situación, digo yo, propia de la divina Providencia, de que se fuera a jugar al América de Río de Janeiro, lo que lo convirtió en el segundo arquero colombiano en jugar en el exterior, después de Efraín ‘El Caimán’ Sánchez.

Allí tuvo una gran actuación, salió subcampeón del Torneo Carioca en 1955 y terminó sus estudios. El compromiso era volver a Millonarios, y así lo hizo, pero se rompió un menisco y sufrió una lesión de ligamento cruzado anterior, lo que lo marginó de la actividad futbolística, y empezó a desempeñarse como médico de la institución. La situación económica del equipo lo llevó luego a asumir como técnico interino y aceptó. Las buenas campañas y el apoyo de los jugadores lo ratificaron en el cargo y en 1959 le dio su primer título al club. Desde ese momento el fútbol fue su vida.

Sin embargo, en 1978, luego de abandonar a Millonarios, parecía decidido a ejercer definitivamente la medicina. Pero el fútbol se atravesó de nuevo en sus propósitos…

En 1977 papá dejó el club por desacuerdos con el presidente de la época, don Álvaro Gutiérrez. Junto con Luis Alberto ‘El Mono’ Rubio, con quien papá trabajaba en el equipo, implementaron una forma de entrenamiento que no les gustó a los jugadores; tampoco tuvo el respaldo de los directivos y se sintió traicionado. Por eso, al año, abrió de nuevo su consultorio en la Clínica de Marly, en Bogotá, para dedicarse a la medicina de lleno y de esa manera retirarse del fútbol. Pero apareció un día en ese consultorio, como otro acto de la divina Providencia, don ‘Pepino’ Sangiovanni para convencerlo de que dirigiera al América.

No fue fácil persuadirlo, pero lo logró. Creo que en ello incidió mucho un hecho trágico que afectó considerablemente a papá y fue la muerte, de una manera súbita y dolorosa, de mi hermano Luis Fernando, un muchacho de apenas 21 años que se acababa de graduar con honores como arquitecto. Sufrió un aneurisma en la base del cráneo, en el polígono de Willis, donde se unen varias arterias, y murió al instante. Papá quería irse de Bogotá, y eso ayudó a que llegara a Cali, donde desde 1979 hasta 1991 construyó otra exitosa historia en el fútbol como entrenador, esta vez con el América, como ya lo había hecho con Millonarios y Santa Fe.

¿Y después, cuando dejó al América, pensó quizás en retomar la medicina?

Lo pensó, porque ese fue siempre un sueño suyo. Pero en los años 90, cuando papá dejó definitivamente el fútbol, pasamos de la cirugía convencional a la cirugía abierta o artroscópica, que es mínimamente invasiva. Para ellos someterse a esa nueva tecnología, los cirujanos ortopedistas de la época tenían que hacer un entrenamiento muy especial, pero papá nunca tuvo la oportunidad de hacerlo, por estar sumergido en el fútbol los 365 días del año.

Gabriel siempre fue un hombre muy entregado a su trabajo, lo que indefectiblemente lo convirtió en un padre ausente. ¿Cómo soportaron eso usted y el resto de la familia?

Yo no me quejo tanto de eso, porque solía acompañarlo en los entrenamientos, en los partidos, en las concentraciones. Papá se ausentaba mucho tiempo por cuenta de todo aquello, sobre todo cuando jugaba Copa Libertadores y debía viajar por varios países del continente. (…) De lo que yo viví, diría que mi hermano William Darío (un veterinario que también murió) sí sufrió ese padre ausente. Yo, en cambio, me quedaba con él en las concentraciones y me dormía mientras él narraba sus historias. Pero cuando papá estaba en casa era un ser muy especial, aprovechaba al máximo cada momento, nos gustaba escuchar sus anécdotas y ser testigos de toda esa sabiduría, porque cada palabra nos dejaba una nueva enseñanza. Y ya de adulto, hasta escuchábamos tangos, su música preferida, y nos tomábamos unos aguardientes, como buen paisa que es.

¿Cuál era ese tango que le hacía tomarse un aguardiente?

Muchos. Podría decirte que se sabe todos los tangos que existen, pero había uno que siempre escuchaba cuando estaba melancólico, Tarde gris: “Qué ganas de llorar en esta tarde gris, en su repiquetear la lluvia habla de ti, remordimiento de saber, que por mi culpa, nunca, vida, nunca te veré”. Cada que oigo ese tango me acuerdo de papá. Y bueno, Carlos Gardel es para él lo más grande.

Papá siempre se preocupó por el jugador, pero también por el hombre, por la persona

Su padre incluso fumaba…

Claro, fumaba mucho, sobre todo en los partidos. Pero hubo un hecho que lo marcó, y ese día dejó para siempre el cigarrillo. Sucedió el 17 de enero de 1982, pero lo recuerdo como si fuera ayer. Veníamos por carretera de un partido, papá entrenaba al América. De pronto, escuchó por la radio que Oswaldo Juan Zubeldía, quien dirigía al Atlético Nacional, había muerto de un infarto en Medellín mientras hacía una apuesta en el hipódromo. Papá se puso mal. Hizo parar el carro, se bajó, prendió un cigarrillo, y ese fue el último de su vida. Desde entonces decidió no fumar nunca más.

¿Eran amigos?

Muy amigos. Papá y Zubeldía fueron solo rivales en el fútbol, pero por fuera de las canchas sostenían una relación muy estrecha. Papá lo admiraba por sus conocimientos. Le gustaba su estilo y hablaban mucho. Y ambos fueron muy aficionados a los caballos, papá como jockey y Zubeldía como apostador. Es curioso, ellos dos, al igual que Pacho Maturana, a quien papá también admira, fueron siempre fanáticos de la hípica.

¿Por qué dejó su padre los caballos?

Él era jockey, jinete de carreras, y los caballos dedicados a esta modalidad no pueden soportar tanto peso. Papá se hizo jinete desde muy niño y ganó campeonatos nacionales, pero a los 13 años, cuando comenzó a desarrollar su cuerpo, superó el peso ideal y entonces conservó la afición ya de otra manera. Entrenaba caballos de carreras y con ello se ganaba la vida. Había perdido muy bebé a su padre en un accidente en una mina, en Sopetrán (Antioquia), y fue su padrastro quien lo indujo al mundo de la hípica.

También se aficionó por el basquetbol y desarrolló una gran estatura para su edad, hasta que un día terminó jugando fútbol en el Atlético Municipal, que hoy en día es el Atlético Nacional. Llegó al arco como la mayoría de los porteros, por la ausencia de uno. Cuando terminó sus estudios en un colegio católico, mi abuela Tránsito le dijo que debía ser cura o médico, pero nunca futbolista. Luego la convencieron de que lo dejara probar en el América, con apenas 17 años, pero con la condición de que estudiara medicina. Y así sucedió.

Su trabajo no radicaba solo en los jugadores como atletas, sino en la mente de ellos como seres humanos

Está clara la manera en que el médico nutría al técnico, ¿pero cómo alimentaba el técnico al médico, ese hombre con vocación humana?

Papá siempre se preocupó por el jugador, pero también por el hombre, por la persona. En 1979, cuando llegó al América, comenzó a retenerles a los jugadores el 40 por ciento de su salario. Lo hizo con el “Pitillo” Valencia, Gabriel Chaparro, “Macuco” Alegría, que en paz descanse, y Juan Manuel Penagos, entre otros.

Con ese dinero, les ayudó a conseguir casas en los barrios Salomia o Los Andes, para que vivieran allí con sus familias, y les compró taxis para que tuvieran un ingreso extra en sus finanzas. Obviamente a muchos de ellos no les gustó eso en un principio, pero cuando ya tenían sus bienes, solo había palabras de agradecimiento para él.

Su trabajo no radicaba solo en los jugadores como atletas, sino en la mente de ellos como seres humanos, inclusive en cosas aparentemente tan simples, pero significativas. Cuando Juan Manuel Battaglia llegó de Paraguay al América, era un muchacho al que no le gustaba usar medias mientras vestía de civil en la calle.

Una vez, papá lo vio en el lobby de un hotel fuera de Colombia, antes de un partido de Copa Libertadores, y lo cogió del brazo y lo llevó hasta su cuarto, abrió su maleta y sacó un par de medias y le dijo: “Juan Manuel, si no tienes medias, yo te doy las mías, pero no andes sin calcetines”. Battaglia jamás volvió a ponerse zapatos sin medias.

Battaglia pudo entenderlo, pero había jugadores que no comulgaban propiamente con el estilo del Médico e incluso lo enfrentaron…

Hubo tres personas con las cuales papá tuvo roces importantes. Una de ellas fue el delantero argentino Mario Alberto Rizzi. América ganaba tres a cero y papá ingresó a ese jugador para que se mostrara: no había podido debutar porque llegó con un problema en una rodilla. De pronto, el partido fue cambiando, descontó el rival, otro gol, y hasta que empataron, entonces papá sacó a Rizzi, que duró unos 20 minutos en la cancha, y el jugador salió iracundo, se le vino encima para agredirlo y un par de compañeros del banco tuvieron que intervenir.

Y los otros dos casos, no de agresión física, pero sí verbal, fueron los del peruano Julio César Uribe y el paraguayo Roberto Cabañas, que en paz descanse, con quienes papá tuvo muchos inconvenientes. Uribe era un tipo muy soberbio y con una altivez que no podía dominar. Era una especie de caminante en la cancha, con mucha clase y técnica, pero que frenaba el juego cuando el balón llegaba a sus pies. Entonces, papá le corregía eso, pero él no entendía y chocaban mucho, hasta que lo sentó. Eso generó un conflicto tenaz entre ellos.

Con Cabañas hubo una historia, y es que el paraguayo se enojó porque en la piscina donde estaban los jugadores el Médico metió a Rocky, un perro bóxer que adoraba.

Papá le regaló la camiseta del América a Maradona y él se la puso. Quería que Diego se quedara madurando como jugador y le hicieron una oferta

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«Salseros Unidos» se unen en la música y lanzan tema

 

La Relación de afecto, simpatía y confianza que se han manifestado, desde la creación de “Salseros Unidos” a inicio de la pandemia del Covid 19, ha llevado a varios intérpretes de la salsa del país a unir sus voces en una canción y un video que ve la luz este viernes con su estreno en el destacado show de televisión “Primer Impacto” de la cadena Univision.

El tema que lleva por nombre “Quien cree en Dios no se derrumba” cuenta con la participación de los experimentados salseros: Yiyo Sarante, Ruth la Cantante, Sexapeal, Alex Matos, Félix Manuel, Edwin el futuro de la Salsa, Luismi, Pakolé.

Además, en la composición de César Castro (CDK) dicen presente: Lonely Williams, Pedro Lama, el Clasicom, Alberto María, Eddy Bonilla y los “Creadores del Sonido” Chiquito Team Band.

Los arreglos del tema recaen en las manos de Yiyo Sarante en colaboración con Enmanuel Frías de la Chiquito Team Band bajo la coordinación general de Junior Betances. El audiovisual fue realizado por Rafy Films.

“Salseros Unidos” nació, en abril, motivados por la solidaridad y el agradecimiento de varios salseros dominicanos quienes se unieron para suplir raciones alimenticias a las asociaciones de Dj´s que durante todo el año les colaboran en la difusión de su música, ante la crisis laboral que ha provocado el coronavirus en el país.

A partir de ahí, a los salseros se la ha visto más unido que nunca, y en esta ocasión, además, de llevar ayudas en medio de la pandemia se han unido en este tema que desde ya se vaticina como un éxito.

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India y Tony Succar se unen para lanzar la versión salsa del tema «Mi propiedad privada»

 

Bajo la producción musical del ganador del Latin Grammy Tony Succar, India nos trae un emblemático tema de Lucha Reyes, «Mi propiedad privada», a ritmo de salsa.

India publicó en sus redes sociales «🎶Aquí les presento mi nueva canción Mi Propiedad Privada. Este tema fue producido por el Latin Grammy Productor @tonysuccar», dode se muestra la felicidad que la embarga al lanzar este nuevo sencillo promocional.

El productor Tony Succar comenta: «Antes de ser nominado (al Grammy) me contactó el productor del evento ‘Una noche de salsa 10’ y me dijo que tenía la visión de un proyecto con La India, me comentó que quería grabar un tema con la voz de ella y se escucharía súper chévere. La canción es ‘Propiedad Privada’…En mi luna de miel hice los arreglos de la canción y ya lo grabamos», manifestó.

«Yo quiero ser un vehículo para estos proyectos en la música tropical que quieran fusionarse», agregó el gran Percusionista, compositor, arreglista, líder de banda y productor peruano Tony Succar.

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¿Qué razón pudiera existir cuando veteranos cantantes salseros como Gilberto Santa Rosa, Pichie Pérez, Sammy González, Paquito Acosta, Carlos Alexis, Viti Ruiz, Mel Martínez y Lalo Rodríguez se unen para cantar en un mismo tema?

Para los conocedores de la música tropical, la respuesta pudiera ser sencilla: están haciendo un homenaje al director de orquesta que alguna vez les dio la oportunidad de cantar con una de las orquestas más prestigiosas en la historia del género.

Efectivamente, el tema se titula “Mi querido viejo”, una grabación que se realizó para reconocer el legado de Ángel Tomás “Tommy” Olivencia, cuya orquesta -fundada en mayo de 1960- cumple esta semana 60 años de trabajo ininterrumpido.

Este viernes, 15 de mayo de 2020, también se cumplieron 82 años del natalicio de Olivencia, quien falleció en septiembre de 2006.

La orquesta de Olivencia, conocida como La Primerísima, es dirigida ahora por su hijo «Tomito», quien encargó el tema al compositor Jerry Ferrao y al arreglista Tito Rivera.

“Se hizo difícil coordinar la participación de tantos cantantes para ese tema, pero lo logramos. Todos esos cantantes pertenecieron a La Primerísima en algún momento. Paquito Guzmán no pudo estar por su condición de salud y Simón Pérez tampoco está en este tema, pero sí lo tenemos en otro tema de la producción”, explicó Olivencia Jr. a NotiCel.

Para acompañar el audio, el director de la orquesta también grabó un video, que marca otro momento histórico porque es el primero que graba esa orquesta en sus 60 años.

“Luego hicimos el video, el primero de esta orquesta. Papi nunca grabó videos, no sé por qué. Lo filmamos en Villa Palmeras (Santurce). La cámara fue de Julio Merced, hijo de Julio ‘Gunda’ Merced. También logramos reunir a todos esos cantantes, excepto Viti Ruiz, que lo hizo por celular”, dijo Olivencia Jr. quien también es el timbalero de la agrupación.

El homenaje a Olivencia, padre, es parte de la producción “Planté bandera de nuevo”, que busca abrirse paso en la radio de América Latina. Es una producción de alta calidad que reconoce el legado de varias personas que contribuyeron al éxito de la orquesta de Tommy Olivencia a través de los años.

“Esta producción la había ideado mi papá antes de que falleciera. Él quería agradecer y rendir homenaje a gente como Tite Curet, Chamaco Ramírez y Frankie Ruiz. Ya teníamos el homenaje a Tite y lo había escuchado ya. Y había encargado el tema dedicado a Chamaco Ramírez cuando la muerte lo sorprendió”, recordó el músico.

Tomado Del Salsero

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